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15 años sin Fuentealba, su legado sigue en pie

“En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para "consolar" y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola. En semejante "arreglo" del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero. Olvidan, relegan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que es o parece ser aceptable para la burguesía”. (Lenin, El estado y la revolución)

15 años sin Fuentealba, su legado sigue en pie

¿Por qué empezar una nota sobre “el maestro Fuentealba” citando a Lenin?

Podríamos contestar con otra pregunta ¿Por qué no?, pero en realidad tenemos un motivo claro. Tal como dice el texto el poder es muy hábil en la tarea de desnaturalizar personajes históricos y “moldearlos” a su gusto. En términos más juveniles “intentan hacer luchadores random” para que muchos los lleven impresos en sus remeras, pines y gorras sin saber realmente quienes fueron y que buscaban con sus luchas.

Hoy, a 15 años de su asesinato, el legado de Carlos Fuentealba está en juego y mientras exista la lucha de clases lo estará. Es por eso que esta nota no solo busca reivindicar al maestro que luchaba por un salario, sino reivindicar el espíritu de Carlos, ese militante que iba muchísimo más allá de una lucha reivindicativa por un sueldo digno.

Fuentealba no era simplemente un maestro solidario que murió en manos de un policía “al que se le fue la mano”, como intentan hacernos creer desde distintos sectores de las burocracias. Carlos era un luchador por el socialismo, por lo tanto, un ser solidario que dedicó gran parte de su vida a cambiar el mundo, a terminar con esa barbarie capitalista que paradójicamente fue la encargada de arrancarlo de entre los mortales.

Ayer, hoy y mañana, aquel hombre que fue asesinado por el poder, es y será un muerto incomodo, es un muerto que necesitan “reinventar” y hacer inofensivo. La Burocracia sindical, contra la que luchaba Fuentealba, logro con distintos artilugios apoderarse de una parte de su legado, entre otras cosas cooptando a su mujer Sandra, pero no puede apoderarse de su verdadera esencia, porque la historia tarde o temprano siempre se corre de la oscuridad, del ocultamiento y se muestra tal como es. Y porque mientras exista la opresión y la consecuente lucha de clases, todos los compañeros que pusieron su granito de arena para que tengamos un mundo más justo siempre estarán en las conciencias de los luchadores que los reivindicaremos tal como fueron.

Y es porque aquellos que nos consideramos revolucionarios, los que queremos un mundo más justo y solidario, también tenemos la tarea de luchar contra ese intento de transformar a nuestros compañeros de lucha en “iconos inofensivos”, es que quiero compartir con ustedes fragmentos de una nota publicada hace 8 años en el periódico Socialismo o Barbarie, una nota que habla de un Fuentealba integro, sin los recortes interesados del poder. Los invito a leer y conocer un poco más a Fuentealba, no sin antes recomendarles para profundizar en el tema el excelente documental “En Obra” realizado por Ariel Borenstein y Damián Finvarb.

Sus primeras experiencias en la UOCRA Neuquén

La UOCRA Neuquén fue recuperada de manos de la burocracia sindical en la segunda mitad de los años 80. Allí trabajaba Carlos y allí realizó su primera y más trascendente experiencia política y de lucha, la que como él mismo señalaba, habría de marcarlo por toda la vida.

La experiencia de la UOCRA expresó una práctica sindical revolucionaria en un momento en que el sindicato agrupaba a 12.000 trabajadores en grandes obras hidroeléctricas como Piedra del Águila. Eso es lo que explica que Carlos haya hecho allí sus primeras armas de lucha y que allí haya conoció a Alcides Christiansen quien fuera el indiscutido dirigente de la experiencia de la UOCRA Neuquén de aquellos años y, por añadidura, entrañable compañero de militancia y lucha del propio Carlos.

Fue en esta experiencia en la que Carlos aprendería las practicas que sostendría hasta el propio día de su asesinato, y es que en un colectivo de trabajadores que en el caso de la UOCRA Neuquén llegaba a 12.000 trabajadores repartidos en un conjunto de obradores de mayor o menor cuantía, no hay otra manera de resolver los asuntos que mediante la asamblea de los trabajadores, mediante la votación de delegados mandatados por esas asambleas para que cumplan lo resuelto colectivamente, y la votación de una conducción del gremio que se subordine a ellos y obtenga voluntariamente de ellos su sustento material. Ésa fue la experiencia de la UOCRA Neuquén, que logró desbordar las características de un sindicato tradicional.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que cuando los trabajadores comienzan a debatir, cuando asumen la responsabilidad de decidir por ellos mismos, cuando empiezan a discutir los diversos asuntos, se comienzan a politizar. Es que esas cuestiones, por su propia lógica, desbordan la problemática circunscripta a los lugares de trabajo para referirse a las leyes, a los funcionarios, al gobierno; es decir, a los problemas de la política y el poder. Aquí Carlos empezó a “politizarse” y comenzó a militar en el Viejo MAS, hecho, que junto a la cercanía al Nuevo MAS en épocas ya de maestro, demuestran la falsedad de la connotación de “antipartido” vertida por Sandra Rodríguez hoy cercana a la burocracia de Ctera.

Carlos Fuentealba “el maestro”

Ante el engaño es necesario entender a Fuentealba, interpretar su figura, el propio carácter “polifacético” de Carlos (trabajador, docente y socialista revolucionario), el cual puede ser interpelado en su integridad o “diseccionado” en facetas distintas, contrapuestas e, incluso, negadas de su experiencia. Esto ha dado lugar a una batalla con la burocracia de la CTERA, que en los últimos años pretendió apropiarse de la figura de Carlos, y con la misma Sandra Rodríguez, que inmediatamente después de su asesinato se volcó hacia la Celeste, alejándose de la izquierda. Para la dirección de la CTERA, Carlos era un simple “maestro” sin más determinaciones. Siempre se negó a recuperar su figura como la de un trabajador más en general, que había pasado por la experiencia del sindicato de la construcción. Menos que menos podía reivindicar a Carlos como lo que verdaderamente era: un docente profundamente antiburocrático que siempre estuvo en la vereda de enfrente de su conducción.

Esta es la versión “edulcorada” que se echó a correr sobre Carlos; pero las cosas fueron exactamente al revés: si Carlos tuvo el grado de compromiso que exhibió el día en que fue asesinado, esto se debió a algo más de fondo que su condición de maestro o genérico “militante de la vida”: fue producto de su compromiso con la transformación de la sociedad y el aprendizaje que tuvo de los métodos de lucha de la clase obrera.

Ese aprendizaje de la democracia obrera es lo que jalonó la vida de Carlos y lo llevó a estar en la ruta el fatídico 4 de abril del 2007, cuando estaba en contra de llevar a cabo el corte de ruta en Arroyito, acción que consideraba minoritaria (una “ultrada”, en la jerga militante). Carlos estaba en contra, pero esa moción –la de no ir a cortar– se perdió en la asamblea, y respetando la democracia de los trabajadores, Carlos se movilizó a la ruta con el resto de sus compañeros y compañeras.

Cuando hablamos de democracia obrera no nos referimos a un simple “ideal”, o algo a lo que simplemente aspiramos como superación de la falsa democracia de los ricos o los habituales métodos burocráticos, desde arriba, de los dirigentes sindicales tradicionales.

Se habla de otra cosa, o de algo más que lo anterior: de una tendencia de la realidad que se pone en obra cuando la clase obrera sale a luchar. Por definición, la clase obrera es un sujeto colectivo, integrado por el conjunto de los compañeros de un determinado gremio o lugar de trabajo.

Casi siempre que los trabajadores salen a luchar en serio, desbordan a los dirigentes tradicionales y se plantean cómo resolver los asuntos, cómo tomarlos en sus manos. La democracia obrera no es solamente el vehículo para la decisión colectiva de los asuntos por parte de los trabajadores; también es un poderoso instrumento para la politización de los compañeros.

Introducción realizada por:

Profesor Diego A. Bouquet

Más de 10 años de trabajo en la educación pública. Titulo de profesor de historia con trayecto en ciencias sociales y técnico mecánico. Diplomado en prevención de consumos problemáticos en la U.S.I. Generador de contenido educativo audiovisual en YouTube. Creador y administrador de esta página.

Material aportado por:

Periódico Socialismo o Barbarie año 2014

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