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El día que el fútbol transformo en rivales a los enemigos

El día que el fútbol transformo en rivales a los enemigos

Allá por 1914 en la sangrienta Primera Guerra Mundial un día la navidad y el futbol lograron frenar esa matanza al menos por un rato, conozcamos esta historia...

El futbol es un deporte que genera pasiones encontradas, inentendible pasión para aquellos que lo ven solo como una distracción de masas y es la vida misma para aquellos que se apasionan cada vez que una pelota rueda sobre el verde césped.

El futbol suele ser un reflejo de la realidad social y envuelve dentro de si muchas cosas que escapan al deporte en si mismo. De esta forma vamos a ver muchas veces en los medios escenas de violencia extrema que pueden o no estar relacionados con los llamados barras bravas, se verán y escucharan miles de análisis al respecto, se preguntara si es un problema de nuestras tierras o un problema mundial, se intentara equiparar la violencia que se ejerce en el juego mismo con la que sucede fuera del campo de juego y todos tendrán soluciones mágicas para terminar con esa violencia.

Pero el futbol es también símbolo de unión. Es ver a amigos y familiares abrazarse llorando por goles hechos a miles de kilómetros, ver a grupos de amigos y amigas de distintas edades juntarse a jugar pasionalmente sin medir consecuencias después del cansancio del trabajo semanal, es ver a niños entrenando mientras sueñan con llegar a jugar en el club de sus amores. Y futbol profesional también es un lugar donde las pasiones unen, en donde se producen hechos increíbles y situaciones que invitan a la unión. Estas situaciones pueden suceder fuera o dentro de la cancha, pueden ir desde grandes gestos de lealtad deportiva hasta uniones de parcialidades que entienden el llamado folclore del futbol sin necesidad de caer en la violencia, todo esto suele resumirse en una sola frase “rivales, no enemigos”.

Pero lo que pocos saben es que el futbol ha logrado alguna vez incluso superar esta frase cuando con la rivalidad como símbolo de unión logro por un momento frenar una guerra. Si, puede parecer exagerado, pero allá por 1914, cuando en Europa se enfrentaban en la sangrienta primera guerra mundial la navidad y el futbol lograron frenar aquella matanza feroz al menos por un rato.

Tratemos de situarnos en ese contexto para entender los hechos. Aquella guerra que ambos bandos creían poder ganar de forma rápida se había estancado en las trincheras en donde las balas enemigas mataban tanto como las enfermedades propias, donde el hambre y el hacinamiento acechaban. Imagínate que estas todo el día en un pozo lleno de lodo, con frio porque le invierno cae en forma de nieve sobre vos y que cada vez que levantas la cabeza no tenés una, sino cientos de armas apuntándote. En ese pozo llueve tanta agua como bombas, hay cientos de enfermos y muertos a tu alrededor y tus amigos y seres queridos están muy lejos. Estas peleando una guerra que crees tuya pero que es por intereses de gente que no se parece en nada a vos, incluso los que te disparan y a los que vos les disparas tienen vidas y trabajos muy similares a los tuyos.

La navidad se acerca, estas lejos de casa y la emotividad te invade, pero miras al rededor y solo vez muerte. Desde el lado británico miras con cuidado hacia las trincheras alemanas, allí vez que los soldados empiezan a poner escasos adornos en sus trincheras, la nieve no deja de caer haciendo todo más emotivo y en ese momento desde tu propia trinchera empiezan a sonar “noche de paz, noches de amor” el famoso villancico navideño. Esa noche los alemanes piden a gritos una tregua, prometen no disparar si los ingleses no lo hacen y se animan a salir de sus trincheras para improvisar fogones donde cantan con una felicidad inusual.

Al día siguiente en plena navidad se te ordena alzarte por sobre las defensas y caminar los 36 metros que separan las trincheras enemigas. La tensión se palpa en el aire, un solo tiro desataría una matanza, y vos estas ahí caminando hacia esa trinchera desde la que estuvieron intentando matarte durante muchos meses. Estás ahí confiando en la tregua propuesta por el enemigo, todos se apuntan, pero nadie dispara. Y de repente, mientras en otras partes se sigue combatiendo, allí donde estás vos los enemigos se convierten en rivales y comienza a rodar un balón de futbol.

No es una obra literaria de lo que hablamos, aunque más tarde tomaría también esa forma, hablamos de historia, de la historia que entre otros cuenta el soldado británico Willie Loasby en una carta enviada a su madre desde el frente. Este es el soldado encargado de pactar personalmente la tregua con los alemanes. También nos confirma esta historia el general británico Walter Congrave quien tuvo la oportunidad de hablar con sus subordinados del hecho y quien nos cuenta que la tregua no fue solo futbolística: “Ha pasado algo extraordinario. Esta mañana, un alemán gritó que querían una tregua de un día. Así que, con mucha cautela, uno de nuestros hombres se levantó por encima del parapeto y vio como un alemán hacía lo mismo. Uno de mis informantes me dijo que había podido fumarse un cigarrillo con el mejor tirador del ejército alemán, quien no tenía más de 18 años, pero ya había matado a más hombres que otros 12 soldados juntos”.

En cuanto al futbol según los relatos son varios los partidos jugados, algunos incluyen hasta el resultado: 3 a 2 para los alemanes. El teniente alemán Johannes Niemman cuenta que “Ellos hicieron su portería con uso sombreros extraños, mientras que nosotros hicimos lo mismo. No era sencillo jugar en un lugar congelado, pero eso o nos detuvo. Mantuvimos las reglas del juego a pesar de que el partido sólo duró una hora y no había árbitro”

De esta forma ese deporte que tantas pasiones despierta en el mundo escribió uno de sus capítulos más épicos logrando esta vez frenar, aunque sea por un rato, una de las guerras más sangrientas que sufrió la humanidad. Ojalá tengamos la oportunidad de ver en el futbol ese símbolo de unión y de sana competencia que vieron los soldados esa tarde de 1914, ojalá aprendamos a poder ser rivales, pero nunca enemigos.

Material Realizado y aportado por:

Profesor Diego A. Bouquet

Más de 10 años de trabajo en la educación pública. Titulo de profesor de historia con trayecto en ciencias sociales y técnico mecánico. Diplomado en prevención de consumos problemáticos en la U.S.I. Generador de contenido educativo audiovisual en YouTube. Creador y administrador de esta página.

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